martes, 29 de diciembre de 2009

Tan solo un descanso...

Tan solo un descanso...

miércoles, 23 de diciembre de 2009



Sé muy feliz en estas Navidades, y siempre.

martes, 22 de diciembre de 2009




El silencio...


Presagio de un adiós definitivo.

sábado, 19 de diciembre de 2009



No hacen falta palabras para describir la nada...

jueves, 17 de diciembre de 2009

La máscara



Contempla ese tesoro de gracias florentinas;
En la forma ondulante del musculoso cuerpo,
Son hermanas divinas la Elegancia y la Fuerza.
Esta mujer, fragmento en verdad milagroso,
Noblemente robusta, divinamente esbelta,
Nació para reinar en lechos suntuosos
Y entretener los ocios de un príncipe o de un papa.

-Observa esa sonrisa voluptuosa y fina
Donde la Fatuidad sus éxtasis pasea,
Esos taimados ojos lánguidos y burlones,
El velo que realza esa faz delicada
Cuyos rasgos nos dicen con aire triunfador:
«¡El Deleite me nombra y el Amor me corona!»
A un ser que está dotado de tanta majestad,
¡Qué encanto estimulante le da la gentileza!
Acerquémonos trémulos de su belleza en torno.

¡Oh blasfemia del arte! ¡Oh sorpresa brutal!
La divina mujer, que prometía la dicha
¡Concluye en las alturas en un monstruo bicéfalo

¡Mas no! Máscara es sólo, mentido decorado,
Ese rostro que luce un mohín exquisito,
Y, contémplalo cerca: atrozmente crispados,
La auténtica cabeza, el rostro más real,
Se ocultan al amparo de la cara que miente.

¡Oh mi pobre belleza! El río esplendoroso
De tu llanto se abisma en mi hondo corazón.
Me embriaga tu mentira y se abreva mi alma
En la ola que en tus ojos el Dolor precipita.

-Mas, ¿por qué llora? En esa belleza inigualable
Que tendría a sus pies todo el género humano,
¿Qué misterioso mal roe su flanco de atleta?

-¡Insensata, solloza sólo porque ha vivido!
¡Y porque vive! Pero lo que lamenta más,
Lo que hasta las rodillas la hace estremecer
Es que mañana, ¡ay!, continuará viviendo,
¡Mañana, al otro día, siempre! ¡Igual que nosotros!

Baudelaire

miércoles, 16 de diciembre de 2009

domingo, 13 de diciembre de 2009



Tu alma y tu música, comparables al poderío del mar.

Al encuentro de la soledad, con la grandeza.

sábado, 12 de diciembre de 2009



Así eres tú, así es tu amor. Fuego vivo.

viernes, 11 de diciembre de 2009


jueves, 10 de diciembre de 2009



Eres imponente, mago de la palabra, y del alma...


Todo lo que tocas lo haces bello...

miércoles, 9 de diciembre de 2009


Hoy formaré un hueco vacío.

Haré la nada para alojarme en ella.

martes, 8 de diciembre de 2009



Hay cosas que son irrecuperables, y que en vano uno sueña con ellas...

Hay que saber romper con lo que nunca nos pertenecerá.

lunes, 7 de diciembre de 2009



¡Qué vergüenza...!

Lo siento.


"La sonrisa en como una gota pequeña, pero en esa gotita cabe el mar"

Desconocido

Con qué facilidad se acaba todo...


Qué rápido se destruyen los sueños.


De un soplo desaparece la ilusión.


Sólo son espejismos en este desierto tan enorme, donde no hay agua.

Yo tengo muy mala suerte...



Narrador.- Erase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte.Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Y así pasaron muchos años años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas durante un buen rato, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. Y...quién era más indicado para prestársela que Dios. Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.

A la mañana siguiente se puso en marcha. Y caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos dias, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:

El Lobo.- "¡Oooooooh....oooooooohh!".

Narrador.- Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito!. Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones;daba lástima verlo.

El Hombre.- ¿Qué te pasa lobo?

El Lobo.- Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto...

El Hombre.- ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios a pedirle que me cambie la suerte.

El Lobo.- Por favor, pídele también un consejo para mí.

El Hombre.- Muy bien, no te preocupes que se lo pediré. Hasta pronto.

Narrador.- Y caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacia mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.

El Hombre.- ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!

Narrador.- Nada más pensarlo vió a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.

El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Narrador.- El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y.... ¡otra vez escucho aquella voz!

El Árbol.- ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Narrador.- Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:

El Hombre.- ¿Eres tú, árbol?

El Árbol.- Sí, yo soy.

El Hombre.- ¿Qué te pasa?

El Árbol.- ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?.

El Hombre.- ¡No sigas!. Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.

El Árbol.- Por favor, pídele también un consejo para mí.

El Hombre.- Lo haré.

Narrador.- Y con esa promesa se marchó. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.

Despues de un tiempo, el hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso vale. Parecía un paraiso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,...Era una maravilla de lugar. Bajando al vale descubrió, en medio de aquel precioso paisaje una casa muy acojedora. Se acercó y vió que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.

La Mujer.- Ven, viajero, ven a descansar.

Narrador.- El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.

El Hombre.- Te veo triste.

La Mujer.- Sí, es verdad, de un tiempo para acá no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que algo me falta.

El Hombre.- ¡No sigas!. Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.

La Mujer.- Pues dile que te dé un consejo para mí.

Narrador.- A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Y caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.

El Hombre.- ¿Tú eres Dios?.

Dios.- Sí, yo soy.

El Hombre.- Tu sabes que las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.

Dios.- Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.

Narrador.- El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó a aquel valle. Estaba pasando de largo frente a la casa cuando la mujer lo vió y lo llamó.

La Mujer.- ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuentame lo que ha pasado.

El Hombre.- He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.

La Mujer.- ¿Y no te ha dado un consejo para mí?.

El Hombre.- A ver...a ver si recuerdo... ¡Ah! sí. Me dijo que lo que te fataba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.

Narrador.- Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:

La Mujer.- ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye..y ¿quieres ser tú ese hombre?

El Hombre.- Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adios, me voy corriendo.

Narrador.- Y corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró e interrogó.

El Árbol.- ¿Qué ha pasado buen hombre?

Narrador.- Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:

El Árbol.- ¿Y para mí, para mí, Dios no te dió ningún consejo?.

El Hombre.- A ver... a ver si recuerdo...¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raices había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá de nuevo bien.

Narrador.- Despues de oir al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.

El Árbol.- Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quiere hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raices crezcan de nuevo bien.

El Hombre.- Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adios.

Narrador.- El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:

El Lobo.- ¿Y para mí...., para mí no te dió Dios también un consejo?.

El Hombre.- A ver....a ver si me acuerdo...¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.

Narrador.- El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y...¡Lo devoró!.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Fin.

Desconocido

domingo, 6 de diciembre de 2009

Hablando de pasión...



Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,
y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.
Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo mensajeros.

Se abren a tí como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador en los pulmones.

No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a tí sin desvergüenza o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,
parece siempre la primera vez.

Besa con humedad mi boca hambrienta,
y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.

En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi costado.

En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se desprenden;
semidesnuda estoy, y enardecida,
y alzo los brazos, que hacia tí se extienden.

Detente brevemente en la cintura,
rodéame en caricias circulares,
y explora el resto de mi arquitectura,
con paso franco a todos mis lugares.

Cae la falda a los pies..., al fin desnuda...
Qué libertad e independencia siento.
No queda en mí vacilación ni duda,
sólo serenidad..., y atrevimiento.

Están mis ojos en tus ojos fijos,
y tus manos me arropan insistentes;
suaves contactos causan regocijos,
lentas fricciones llegan más frecuentes.

Aproxímate más, cúbreme entera,
encadéname a tí, y abre mi rosa,
dame un beso total, de tal manera
que resulte en fusión voluptuosa.

Quédate en pie y recibe el doble abrazo,
y al rodear tu cuerpo con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo
anegando mis cámaras internas.

El ímpetu, el gemido y los sudores
me dirán que soy tuya y eres mío;
seremos mutuamente posesores,
como el cauce y las aguas en el río.

Francisco Álvarez

viernes, 4 de diciembre de 2009




Algo tuve que hacer mal...


Seguramente mi mal radica en ser yo, y no ser otra persona.


Me siento triste.

Te echo de menos, me siento triste en tu ausencia. Espero que no me olvides.
No voy a ser yo menos...



Presiento que estás lejos...Y espero que muy pronto se acorte la distancia.


Necesitaría saber de ti, tener confianza. Empezar de nuevo de manera renovada.


Todo ha cambiado, yo he crecido.


Piensa en mí, acercate a mí.
Te echaré en falta cuando no estés...

jueves, 3 de diciembre de 2009

No se te ocurra olvidarme!!

No te tengo. Sé que nunca te tendré.

miércoles, 2 de diciembre de 2009


Me siento feliz contigo...

Es para ti...



No sé que hacer para que te fijes en mi...

martes, 1 de diciembre de 2009



Cerrar musica al final de la página, para escuchar.


Que misterio hay en tus ojos,
Que no advierto adivinar,
Y tus labios tan hermosos,
Que secreto guardaran.
Que misterio hay en tu pelo,
Y en tu forma de besar,
Es porrel quisiera idéelo,
Que me llena de ansiedad
Yo sé que este amor misterioso,
Un día me hará muy dichoso.
Que secreto estás guardando,
Algún día yo sabré,
No me importa como y cuando,
Pero se que te amaré�

Yo sé que este amor misterioso,
Un día me hará muy dichoso
Que secreto estas guardando,
Algún día yo sabré,
No me importa como y cuando,
Pero se que te amare
Pero se que te amarééé

Fantasía de Puck


El hada pequeñita
de las piedras preciosas
que vive en un coral
busca al gnomo que habita
la corteza rugosa
de un antiguo nogal.

Y, juntos, de la mano
para hacer travesuras,
aquella noche van,
como hermana y hermano,
por las sendas oscuras
de la selva ideal...

Detrás va su cortejo
de dudas y sospechas...
Y una marcha triunfal
saluda al crimen, viejo
que ruge y canta endechas
con su voz de puñal.

Van los presentimientos
junto a las intenciones...
Con los recuerdos van
los malos pensamientos,
las locas tentaciones
ahogadas al brotar.

Todo lo que hay de sueños
de otra vida perdido;
lo que pasó o vendrá.
Vagas curvas de ensueños:
lo que casi no ha sido...,
lo que tal vez será...

Va, callado, cruzando
el cortejo discreto
por la selva ideal...
¡Viene el día temblando...;
va a romper el secreto
la aurora al despuntar!...

Mas sólo vio, al mostrarse,
una burbuja sobre
las olas del mar...
Y una cara borrarse
en la corteza pobre
del antiguo nogal.

Manuel Machado

No se puede pedir amor.


No, ya sé que no se puede pedir amor
El amor te lo dan cuando ha prendido en el otro.

Sé que amar no significa que te amen
Y también sé que no soy la destinataria de tus sentimientos.

No es malo que mi corazón exprese lo que siente.
Se cansa de estar sellado.
Es como una caldera hirviente que revienta
Y la pasión resbala incandescente.

No, no puedo pedirte nada
Nada me debes.
Pasarás de largo
Pero hace mucho tiempo
Que te llevo dentro.
Encajado en mi vida
Caminaré contigo
Aunque sin ti.

Ante todo.



Lo que quiero de ti.

Cerrar abajo música de fondo.






Ante todo trato de explicarte
lo que quiero de ti,
ante todo quiero que tú seas
alguien muy normal,
ante todo quiero que me trates
como yo te trato a ti,
ante todo trato de explicarte
lo que quiero de ti.

Sueña hasta que te duermas,
duerme y ya no soñarás,
sólo sentirás que tu alma viene y va,
sólo sentirás que tu alma viene y va.

Ante todo trato de explicarte
lo que quiero de ti,
ante todo quiero que descubras
lo dulce de la vida,
ante todo quiero que me juzgues
por lo que ves en mí,
ante todo trato de explicarte
lo que quiero de ti.

Sueña hasta que te duermas,
Duerme y ya no soñarás,
sólo sentirás que tu alma viene y va,
sólo sentirás que tu alma viene y va,
viene y va, viene y va, viene y va.

Letra canción

lunes, 30 de noviembre de 2009

Te quiero.

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.


Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.


Pablo Neruda

Es tarde...


Es tarde ya
Pero ahora que me tienes olvidada
Confío en ti.

No sé cual es la razón para hacerlo
Seguramente un cambio interno en mi persona
Pero confío.

Puede que no haya futuro para demostrarlo
Pero aquí quedan mis palabras
Contigo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

La esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros.

Samuel Smiles


La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada.


Duby, George

Sueño cálido


En un cálido sueño te traigo a mí.
Tu sonrisa y dulzura en mi regazo acojo.
En tus ojos ¿Amor?. Déjame imaginarlo.

Tus fuertes brazos me sostienen, encadenan mi cintura

Tu mano resbalando por mi rostro, me llena de ternura;

Y apreso el mundo cuando me besas los ojos

Acaríciame para que el tiempo no pase,

hasta que mi corazón se reponga,

y los surcos de mi piel alisen.

Pobre...



Todas la desbancamos, siempre termina olvidada.

Tras el alba, o tras las mariposas...
Pero ella es fuerte y querida, a todo sobrevive, aunque no aprende.


El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.


Platón

sábado, 28 de noviembre de 2009



El hombre tiene el amor por ala, y el deseo por yugo.

Victor Hugo

Nací sólo para ti.